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Archivo para la Categoría "Expresiones"

Contraportada

“Los hombres como las naciones, sólo pueden reformarse en su juventud”

 -Rousseau

Educarnos o… padecernos

Tal parece que educar o padecer, educarnos o padecernos es el dilema que en nuestra época se hace más evidente y que está llevando a la sociedad, a la empresa, al gobierno y a todos lo sectores a hacer un reclamo para que el sistema y las instituciones educativas se renueven y cumplan con esa tarea compleja que les corresponde: la formación progresiva de seres humanos en continuo proceso de autoconstrucción. Padecer y padecernos ha sido –aparentemente- el producto predominante de una educación quizá sin valores, o cuando menos que no los toma en cuenta en su tarea cotidiana. Padecer un mundo de injusticia, violencia y destrucción ecológica, padecer la progresiva fragmentación de una sociedad que cada vez  va más de prisa, pero sin rumbo.

Padecernos los unos a los otros, sin tregua alguna, en un universo de ganadores y perdedores; padecernos en lugar de apoyarnos y comprendernos para poder establecer la fraternidad; la justicia, la liberación de marginaciones, exclusiones y actitudes intolerantes. Padecernos porque, paradójicamente, tal parece que la educación no educa, al menos no en el sentido más amplio y profundo de la palabra. 

Por ejemplo, la disciplina es uno de los valores que están más en riesgo en esta sociedad trastocada. Y todo comienza con los adultos, que piensan que el hecho de disciplinar a las hijas, de enseñarles un orden y el cumplimiento de sus deberes, es algo negativo que “interfiere con sus derechos”. Sin embargo, una cosa es castigar y otra muy distinta enseñar a los niño y jóvenes a acatar órdenes, a respetar los valores sociales y la convivencia, a mantener en orden sus cosas, a llegar a casa a la hora en que las reglas de ésta así lo dictaminen. Un hogar sin reglas genera seres anárquicos.

Y la anarquía es lo más cercano al caos. Pero en nuestra época “tan moderna”, en cuanto se pone una regla, surge la temida palabra “represión”; palabra acuñada para que los anárquicos –aquellos que no gustan de observar regla alguna-, pudieran actuar a sus anchas sin que nadie les pudiera llamar a orden alguno. La alternativa es pues clara: o nos educamos o nos padecemos, entendiendo el  término como la acción de recibir algo que causa dolor físico o moral; y de ello nuestra sociedad actual está llena de ejemplos. 

Ing. Arturo Ponce V.   

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¡Cómo han cambiado los tiempos!

¡Chales mi Nopalión!Hace un buen ratón que no te pellizcaba, pero no creas que por falta de ganas….¡no!, sino por falta de tiempo, y todo porque nos fuimos con mi galán de mojarras a los Yunaites, pa’ ver si mejoraba la situación económica en nuestro cantón…. Pero nariz de gallo copetón, (igual de jodidos, aquí y allá) y ante el éxito obtenido decidimos retachamos como bala pa’l terruño; a checar  a los críos, que dejamos de encargo con mi comadre Chencha.¡Me cai carnal!, que casi se me descuajaringa el corazón al llegar a mi morada, pues encontré mi cantón, aparte de a solapa ¡patas pa’ arriba!, todo hecho un desastre, con decirte que hasta pensé que nos acababan de catear, y que se habían llevado al bote a mis chavos. Las camas sin tender, los trastos sin lavar, la ropa tirada en el suelo, -del WC mejor ya ni te digo nada, bástate con saber que se parecía al de la borracha (con copete)-.¡TODO UN CAOS!Como a eso de las 3 de la mañana aparecieron nuestros amados retoños, felices de vernos de nuevo en casa, ¡y hasta las chanclas!, -Si nomás se habían ido un ratito a divertirse “AL ANTRO”-,…. ¡nada malo, ni por que preocuparse! -Me dice  mi hija Juana-, ¡Hay jefa! ¡ay amá, ya ni aguantashs nada! ¿Cuál tiradero?, lo que pasa es que eres fanática de la limpieza, hay mañana temprano te levantas a recoger el cochinero, y eso sí con la pena, yo no te puedo ayudar porque me puse uñas de porcelana y no puedo hacer nada con ellas puestas, además tempranito tengo examen en la escuela, y ya me voy a dormir porque me vengo cayendo de sueño (pienso yo: ¿no será más bien de borracha?).- Roberto nuestro hijo- ¡Aaay apá!, ¡mira nomás ya hasta canas te salieron! Y vienes más flaco, te vez bien galán, hasta le das un aire al Chente,  ¿te ligaste muchas güeras?, ¡oye! No te esponjes, ni me trates así; que si los animales se murieron fue por que ya estaban muy viejos y ya les tocaba, te juro que yo sí los cuidé, y si rente la tierra fue porque se descompuso el tractor y no tuve dinero para alquilar otro para sembrarla, y con qué animales si se murieron los del arado,- ¿de qué dinero me hablas?-, si la miseria que mandaban cada mes apenas y nos alcanzaba a mi carnala y a mi para medio irla pasando, con un chorro de privaciones y necesidades, ¡Hay si supieran nada más como sufrimos y ustedes gozándola en Estados Unidos. No, no hay ni un peso, hay mañana o pasado te hago las cuentas. ¡No cabe duda que mi jefa y tu ya están chocheando, a leguas se nota que la meno y la andro ya los traen de una ala… Ahí se ven, mañana con más calma platicamos, me voy a dormir, ya no la hagan de pex.Y, no me queda otra que pensar ¡chales, como han cambiado los tiempos! ¿o las personas? O la moral y las buenas costumbres. ¿Nopalíon, recuerdas? Como hace solo unos años, las fiestas de la juventud con música en vivo, empezaban a las 4 de la tarde y terminaban a las 9 de la noche (las famosas tardeadas de los tejabanes, o del Salón Impala) y ahora resúltame que empieza la fiesta de la ¿juventud? en el antro a las 9 de la noche y acaba a las 4 de la mañana.¿Te acuerdas cuánto amor y respeto a nuestros padres, y a las personas mayores? ¿Recuerdas como mirando a nuestros viejos chambiar, aprendimos a ganarnos el pipirin, y a cuidar nuestro escaso patrimonio?¿Pues, qué pingos  le pasa ahora a esta juventud?… ¿o Jumentud?Tu ñiz: Rosita Brosita.

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